sábado, 30 de mayo de 2009

Pentecostés y el Rocío

Mañana domingo la Iglesia celebra la fiesta de Pentecostés, festividad universal mediante la cual se conmemora el descendimiento del Espíritu Santo sobre los Apóstoles, cincuenta días después de la Resurrección de Cristo.

Con tal motivo, damos traslado de la carta pastoral que en mayo de 2008 nos ofreció Monseñor Juan del Río (entonces Obispo de Jerez, hoy Arzobispo Castrense de España), en la que nos invita a reflexionar sobre el paralelismo del acontecimiento de la llegada del Espíritu Santo, que provocó admiración y burlas según relatan los Hechos de los Apósteles, y la situación que en esta fecha se vive alrededor de la Virgen del Rocío.

Rocío: acontecimiento y presencia

Cuando llega el domingo de Pentecostés la aldea almonteña del Rocío se convierte en uno de los escenarios mariano más universalmente conocidos. Hasta allí llegarán romeros y peregrinos procedentes de toda la geografía española, especialmente de Andalucía, y no faltará la presencia de devotos rocieros provenientes de otras partes del mundo. Estamos ante un hecho netamente cristiano, más en concreto católico, aquellos que participan desde las claves de la fe de la Iglesia son los que hacen un verdadero Rocío.

Ahora bien, el público congregado lo forma desde el católico practicante hasta el menos asiduo a los deberes cristianos, desde aquellos que dicen no querer saber nada de la Iglesia, hasta el escéptico o el ateo de moda. Unos dirán que van por amor y devoción a la Virgen, otros porque le interesan los eventos antropológicos y periodísticos, también estarán los apasionados del camino que todo lo quieren explicar desde las excelencias de la “madre naturaleza”, no faltarán los amantes del fin de semana y los que buscan siempre pasárselo bien que hablarán de la exuberancia festiva de esos días. Todos asisten al Rocío, pero eso no quiere decir que todos hagan el Rocío.

Poniendo nuestra mirada en el primer Pentecostés vemos que también se concentraron una masa de gente tan diversa como: “partos, medos, elamitas…judíos, cretenses y árabes... creyentes venidos de muchas naciones” (Hech 2,8ss). Todos se vieron sorprendidos por el acaecimiento de la venida del Espíritu Santo. Pero unos se admiraban “estupefactos y perplejos” y otros en cambio se burlaban de lo sucedido diciendo que los apóstoles “estaban borrachos” (Hech 2,12-13).

Eso que ocurrió al inicio del cristianismo sucede en cada conversión personal y en cada manifestación religiosa, para unos serán signo de la grandeza de Dios y otros pasaran del tema. Esa muchedumbre del “Pentecostés rociero” esta formada por personas con su historia de “gracia y pecado”, que poseen unos sentimientos determinados y anhelan algo que muchas veces no saben expresar. Cada una de ellas participa a su nivel de la celebración cristiana de María Esposa del Espíritu Santo y Madre de la Iglesia. Algunos estudiosos han gustado llamar al Rocío: “La Religión del Pueblo” (Mons. Rosendo Álvarez) o “La fe de la orla del manto” (J. Infante-Galan), en alusión al pasaje evangélico de Mateo 9,21.

Hermandades, romería, camino, ermita todo conduce a una presencia bienhechora: La Virgen del Rocío. Esa imagen bendita se nos presenta con su imponente mansedumbre y natural majestad, toda vestida de joyas, flores, brocados y oro que nos traslada a la descripción que hace el Salmo 44 de la escogida para las nupcias del Rey. Su vivo hieratismo da al icono un intenso y supremo valor religioso, poseyendo un cierto fulgor que asemeja a las más perfectas creaciones de la iconografía sacra del Oriente cristiano. Toda ella es un retablo para mostrarnos a Jesucristo, de esa manera revela un alto concepto teológico de la Virgen como sede de Dios. Si nos fijamos bien, en esta rica iconografía, se produce siempre una triple mirada: el cristiano rociero reza y contempla el rostro de “Santa María de las Rocinas”, ella con su dulce mirada baja, nos lleva al Divino Pastorcito y Él, mira con sonrisa salvadora a todo aquel que suplica por intercesión de su santa Madre.

El secreto del Rocío no es otro que la Virgen que con su presencia bendita transforma el acontecimiento sociológico de cada lunes de Pentecostés. Su rostro hermosísimo refleja la belleza de la redención de su Hijo que da sentido al vivir rociero de todo el año. ¿Quién descubre esto? Los sencillos de corazón, como nos dijo Jesús: “Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has dado a conocer a los sencillos” (Mt 11,25).




Mons. Juan del Rio Martín,
Arzobispo Castrense de España
Administrador Apostólico de Jerez de la Frontera

miércoles, 27 de mayo de 2009

Carta a mi hijo de pocas semanas

La Iglesia defiende la vida humana en todas sus fases de desarrollo, desde su concepción hasta su muerte natural. Recientemente hemos escuchado barbaridades tales como que un feto de trece semanas es un ser vivo, pero no un ser humano (¿de qué especio, si no?). A este respecto, tenemos a bien hacernos eco de la carta a su hijo de pocas semanas, de Ángel Pérez Guerra, que hoy publica ABC de Sevilla.

¿Recuerdas? Fue en Gerona, en el hospital de San Juan de Dios, un tenso domingo de julio (yo tenía treinta y tantos años). La señal de alarma había saltado horas antes en la frontera, donde al fin conseguimos hacer noche en un hotel, tras peregrinar inútilmente por los de los contornos bajo un aguacero infernal. Al volver del autoservicio con unos zumos y unos bocadillos, tu madre me dijo que había manchado. La desolación se apoderó de mí. A más de mil kilómetros de casa, a punto de entrar en Francia, con un niño de cinco años y mi mujer embarazada, amenazando aborto. Fue muy duro, y tan lejos de casa.

Hicimos cuanto pudimos por salvar tu vida. Le pedimos a la Guardia Civil que nos dejara dar la vuelta por la mediana, en el mismo control, y acudimos al hospital de Asisa más cercano. Gerona me pareció una ciudad fantasma, pero nos atendieron con dulzura. Allí fue donde te conocí. Sin duda tenías menos de trece semanas, pero el milagro ya estaba en marcha. Llevaré toda mi vida (aquí y en el otro mundo) la imagen de tu corazón latiendo. Era como un leve martilleo insistente, impaciente, tenaz; como unas palmaditas, como el tic-tac de un reloj que me dio la vida. Fue, junto con la primera imagen de tus hermanos, el momento más feliz de mi vida. Pero fue fugaz.

Salimos de allí con un inenarrable sentimiento de gratitud. Primero al Cielo, que nos daba un hijo (o hija, nunca lo sabré). Y después a aquellos profesionales que nos habían permitido conocerte a través de la técnica. Volvimos, sin prisas pero sin pausas, a Castilleja, con aquella imagen ecográfica en tiempo real palpitando dentro de nosotros. Nuestra obsesión era el reposo. Francia podía esperar, y San Pedro de Rodas, que no habíamos podido ver aquella tarde por mor del horario, también. Lo más importante es que tú vivías y venías a nuestros brazos.

Pero los renglones torcidos se interpusieron. No se me borra aquella expresión de tu madre al volver del ginecólogo. Te fuiste con mucho menos de trece semanas, y la herida no se cierra nunca. Cada vez que pido por las almas de mis familiares y amigos difuntos, ahí estás tú, con tu corazoncito pujando por vivir, aplaudiendo el don de existir. Ahora dicen que no eras un ser humano. Puede que engañen a mucha gente; a mí es imposible que me arrastren, porque yo te vi jugar con tu sangre sobre la superficie del ecógrafo. Doy gracias a Dios por haberme dado la oportunidad de conocerte, hijo mío. Y aunque el tiempo pasa con el implacable tic-tac del reloj, tú sabes que no te olvido, que para mí el único reloj que existe es el que vi aquel día en el hospital gerundense de San Juan de Dios, y que espero encontrarme contigo cuando el Creador lo disponga.

Ángel Pérez Guerra
ABC de Sevilla, 27-05-2009


lunes, 25 de mayo de 2009

Carta a Jesús

A Jesús:

Querido Jesús, ... Yo me esfuerzo por mantener contigo un diálogo continuo. Pero traducido en carta me resulta difícil: son cosas personales. ¡Y tan insignificantes! Además, ¿qué voy a escribirte a Ti, de Ti, después de tantos libros como se han escrito sobre Ti?

Por otra parte, tenemos el Evangelio. Como el rayo supera cualquier fuego, y el radio todos los demás metales; como un misil supera en velocidad la flecha del pobre salvaje, así el Evangelio supera todos los libros.

No obstante, he aquí mi carta. La escribo temblando, sintiéndome como un pobre sordomudo que hace enormes esfuerzos para hacerse entender, y con el mismo estado de ánimo que Jeremías, cuando, enviado a predicar, te decía, lleno de repugnancia: "¡No soy nada más que un niño, Señor, y no sé hablar!"

...

Tú te acercas a los pecadores y pecadoras, comes con ellos, te invitas Tú mismo, si ellos no se atreven a invitarte. Das la impresión - es la que yo tengo - de preocuparte más de los sufrimientos que el pecado causa a los pecadores que de la ofensa que hace a Dios. Infundiéndoles la esperanza del perdón, parece que les dices: "¡Ni siquiera os imagináis la alegría que me produce vuestra conversión!"

...

El día en que enseñaste: Bienaventurados los pobres, bienaventurados los perseguidos, yo no estaba allí. Si hubiera estado junto a Ti, te hubiera susurrado al oído: "Por favor, cambia, Señor, tu discurso, si quieres que alguien te siga. ¿No ves que todos aspiran a las riquezas y a las comodidades? Catón prometió a sus soldados los higos de África, y César las riquezas de la Galia y, bien o mal, encontraron seguidores. Tú prometes pobreza, persecuciones. ¿Quién quieres que te siga?" Impertérrito, continúas y te oigo decir: Yo soy el grano de trigo que debe morir antes de fructificar. Es preciso que yo sea levantado sobre una cruz; desde ella atraeré a mí el mundo entero. Ya se cumplió esta profecía: Te levantaron sobre la cruz. Tú la aprovechaste para extender los brazos y atraerte a la gente. ¿Quién podrá contar los hombres que han llegado hasta el pie de la cruz, para arrojarse en tus brazos?

...

Estoy acabando de escribir esta carta. Nunca me he sentido tan descontento al escribir como en esta ocasión. Me parece que he omitido la mayoría de las cosas que podían decirse de Ti y que he dicho mal lo que debía haber dicho mucho mejor. Sólo me consuela esto: lo importante no es que uno escriba sobre Cristo, sino que muchos amen e imiten a Cristo. Y, afortunadamente - a pesar de todo -, esto sigue ocurriendo también hoy.

Mayo 1974
Cardenal Albino Luciani
(Juan Pablo I)


sábado, 23 de mayo de 2009

Por tantos

El sostenimiento de la Iglesia depende exclusivamente de los católicos y de todas aquellas personas que reconocen la labor de la Iglesia.

Quienes líbremente quieran hacerlo pueden marcar la casilla de la Iglesia Católica en su Declaración de la Renta. Si así lo haces, un 0,7% de tus impuestos se dedicarán a la ingente labor que la Iglesia desarrolla, sin coste adicional para el contribuyente.

Con este sencillo gesto no tendrás que pagar más ni tampoco te devolverán menos. Además, al mismo tiempo, puedes marcar también la casilla a favor de otros fines sociales.

video

viernes, 15 de mayo de 2009

Mayo, mes de María

Dos vídeos muy interesantes y apropiados para este mes de Mayo, mes de María.

El primero de ellos comienza con estas frases:

Muchos no me entienden...
Dicen que es aburrido,
que siempre digo lo mismo,
que así no ayudo a nadie,
que está pasado de moda,
que ya nadie lo hace,
que no sirve para nada,
que no tiene sentido,
que estoy perdiendo el tiempo.
Sin embargo...
un buen amigo me dijo una vez:
"No tengas miedo y ten siempre presente que no estás solo"

http://www.youtube.com/watch?v=dsQeyDZJ_HQ&feature=channel

En el segundo, un grupo de jóvenes manifiestan su apoyo a una persona excepcional: ¿Por qué?

http://www.youtube.com/watch?v=YxjjyXhO9EA&feature=channel

Porque María es Madre, su devoción nos enseña a ser hijos: a querer de verdad, sin medida; a ser sencillos, sin esas complicaciones que nacen del egoísmo de pensar sólo en nosotros; a estar alegres, sabiendo que nada puede destruir nuestra esperanza.

lunes, 11 de mayo de 2009

Vuelta por la vida



Este miércoles 13 de mayo, estará en Paradas por la tarde (a partir de las 18h) uno de los autobuses de la plataforma ciudadana DERECHO A VIVIR que con el lema "VUELTA POR LA VIDA" están recorriendo toda la geografía española.

VUELTA POR LA VIDA se enmarca en la campaña de información y concienciación sobre la realidad del aborto que esta plataforma ciudadana quiere hacer llegar a la sociedad española, con el objetivo último de forzar al Gobierno a retirar su proyecto de aborto libre.

El aborto conlleva siempre la muerte violenta de un ser humano y supone un terrible drama para la mujer que lo sufre, forzada por las circunstancias.

La ley española abandona a la mujer ante sus problemas y la empuja insolidariamente al aborto. Toda “ley del aborto” es una terrible hipocresía contra las mujeres, además de una atroz injusticia para con los niños a los que desprotege. En España no se ofrece información ni ayudas sociales a las mujeres embarazadas en situaciones difíciles, y sin embargo sí existe financiación para que vayan a abortar.

Ahora el Gobierno quiere poner los medios legales para que se cometan más abortos, dejando aún más sola a la mujer, a pesar del daño físico y psicológico que supone para ella. Más aborto significa menos protección a la vida y más inseguridad para la mujer.

Por ello, la plataforma Derecho a Vivir defiende que nuestras leyes protejan el derecho a vivir y a ser madre, amparando la vida en todo momento y circunstancia y ayudando a las mujeres embarazadas a superar cualquier problema que un embarazo imprevisto pueda generarles.

Al mismo tiempo se opone a una nueva ley del aborto que sólo traerá más muertes y más sufrimiento para miles de mujeres.

Desde estas líneas te animamos a que acudas a recoger información y a colaborar con el reparto de material.

Más información en:

http://derechoavivir.org

http://www.vueltaporlavida.org



martes, 5 de mayo de 2009

Antiguas fiestas de mayo a la Santa Cruz

Se reproducen a continuación las líneas que D. Jesús Remírez Muneta, antiguo Párroco de San Eutropio, dedicó en su libro "Las antiguas cofradías de la Villa de Paradas" (Sevilla, 1973), a las celebraciones que promovidas por la Hermandad de la Vera Cruz tenían lugar en Paradas en el mes de mayo con motivo de la fiesta de la Invención de la Santa Cruz, ya desaparecida del calendario liturgíco.

En ellas nos cuenta lo grande que fueron la devoción a la Santa Cruz en Paradas y los festejos que giraban alrededor de ella y que dieron origen a la feria de mayo de Paradas


El 3 de mayo, Día de la Invención de la Santa Cruz, celebraba esta Hermandad Fiesta Solemne en la iglesia parroquial, con sus Vísperas, Misa cantada y sermón con “videncia” de todo el Clero y de todos los Hermanos. Se llevaba procesionalmente la Vera Cruz por las calles, lo más adornada posible.

La devoción a la Santa Cruz ha sido muy grande en Paradas. No hay más que mirar los monumentos a la Santa Cruz, repartidos por los cuatro puntos cardinales del pueblo. Viniendo de Marchena, al entrar en la Villa hay una cruz sobre una gruesa columna cilíndrica, llamada la Cruz del Cañuelo, nombre que le viene de una antigua fuente próxima, que despide el agua por un pequeño caño. En el extremo opuesto, al salir del pueblo por la calle General Franco, existe una hornacina, en la pared de la última casa, con la señal del cristiano. Al final de la calle Castejón, hacia el norte, otra cruz sobre un pilar cuadrado, adosado a la casa que hace esquina. Al terminar la calle Teniente Ramírez, hacia el Sur, nuevamente otro hueco con la Cruz de Cristo nos recuerda el misterio de la Pasión. Otra, al comienzo de la calle San Albino. Otra, en el porche de la Iglesia parroquial. En el enlace de la carretera particular de Paradas con la general de Málaga-Sevilla, sitio llamado el Calvario, una pilastra de ladrillo, de varios metros de alta, muestra a todos los pasajeros la señal de la Cruz, pregonando con todo lo anteriormente dicho que Paradas es un pueblo cristiano por los cuatro costados.

Al entrar en el cementerio, veinte pasos al interior, topamos con una alta columna cilíndrica, rematada por cruz de piedra. Esta misma cruz coronaba en otro tiempo una fuente, que existía donde está la actual gasolinera en la plaza del Pilar, llamada así porque un largo pilón o pilar, a donde iban a beber las bestias y los ganados, la llenaba en gran parte. Llevada el agua corriente a las casas, aquella fuente y pilar quedaron abandonados y más tarde suprimidos. El pilar ha sido sustituido por otro en el extremo de la plaza. La cruz aquella es la que hoy destaca por encima de las tapias del cementerio, entre los cipreses.

La víspera de la Fiesta de la Santa Cruz, 3 de mayo, según dicen los antiguos de la población, los sacerdotes, con bastante público, iban a los cuatro extremos del pueblo procesionalmente y dejaban, donde se hallan las hornacinas para el signo cristiano, cruces adornadas con flores que preparaban las camareras de cada hornacina, que solían ser personas de familias próximas.

El 3 de mayo comenzaba antiguamente la Feria de ganado, muy concurrida por gentes de todos los pueblos vecinos. Hoy, con la mecanización del campo, han desaparecido casi las bestias, y en consecuencia la Feria de ganado. Quedan, sin embargo, las Ferias de Paradas durante tres o más días: caseta de baile, alumbrado eléctrico multicolor en la calle de José Antonio, puestos turroneros aquí y allí, tío-vivos, “coches locos”, juegos de diversa clase y, según los años, hasta corridas de toros.

La Fiesta litúrgica de la Invención de la Santa Cruz ha desaparecido del calendario eclesiástico, por haber otra similar el 14 de septiembre, y en la reforma calendarial se ha procurado evitar repeticiones.

A esto han venido a quedar reducidas las Fiestas religiosas de la Cruz de mayo en Paradas. Lo que empezó siendo fiesta religiosa con motivo de la Invención de la Santa Cruz en Jerusalén por la emperatriz Elena, madre de Constantino, lo que causó inmensa alegría entre los cristianos, ha terminado degenerando en fiesta meramente profana. Los antiguos cristianos sacralizaban las fiestas de los paganos. Hoy, los discípulos de Cristo hemos paganizado muchas de nuestras fiestas religiosas.

Torralba y Bazán (Apuntes para la Historia de Paradas, 1915) escribe que el pueblo de Paradas fue siempre muy amigo de correr la pólvora. Después de aludir a las grandes manifestaciones de fuegos de artificio con motivo de las Fiestas Patronales Eutropianas en 1758, dice: “Viniendo a tiempos más cercanos, aunque el que esto escribe no lo haya conocido, por no hallarse aquí, muy sabido y no se deja de recordar los disparos, de pistola particularmente, con que hasta 1891 solemnizaban estos naturales (de Paradas) la festividad de la Santa Cruz. En las tres noches de su velada, entre el bullicio y la algazara, cuando en la Plaza no se cabía por la gente que acudía a divertirse y a pasear, comenzaban los tiros nada menos que de bala, que más de una desgracia solían ocasionar.”

viernes, 1 de mayo de 2009

Derechos sociales y caridad política


Reproducimos a continuación la síntesis de la carta pastoral que nuestro Cardenal Arzobispo ha publicado con motivo de la festividad de San José Obrero (1 de mayo).

DERECHOS SOCIALES Y CARIDAD POLÍTICA, ""SÍNTESIS"" de la carta pastoral con motivo de la festividad de San José Obrero (01-05-09)

Estamos viviendo unos momentos de enorme preocupación social. Existe, sobre todo en el ámbito laboral, una más que justificada inquietud, en gran parte provocada por la flexibilidad del trabajo y la precariedad del empleo. Las repercusiones que todo ello provoca en el individuo y en la familia son de inseguridad y no poco temor ante lo que se avecina. ¿Qué respuesta es la que puede dar la Iglesia desde su inexcusable misión evangelizadora? ¿Cómo ha de ser una pastoral obrera acorde con lo que los hombres y las mujeres del trabajo necesitan en estos momentos?

La pastoral obrera, dentro de la pastoral de conjunto, está buscando nuevos caminos de evangelización en los que, desde un renovado compromiso de fidelidad al Evangelio, sepa asumir los nuevos retos que el mundo del trabajo presenta. Es la comunidad entera quien asume este papel evangelizador y misionero.

La crisis: realidad y pretexto

La situación laboral y social pasa por momentos de especial dificultad. No nos puede dejar indiferentes, sino que exige no pocos cambios en las actitudes y en las acciones a emprender, siempre desde nuestra condición de cristianos y de evangelizadores, y dentro del ámbito de la pastoral obrera. Estando muy atentos a la hora de proponer nuevas iniciativas, no sea que los programas sean nuevos y las actitudes envejecidas y caducadas.

No podemos menos que hacer una llamada a todos los hombres en general, y a los cristianos en especial, para que no eludamos la responsabilidad que individualmente nos corresponde. Es volver a insistir en que difícilmente puede cambiar el mundo si el corazón del hombre sigue tan endurecido.

Benedicto XVI ha dicho que "un elemento fundamental de la crisis es precisamente un déficit de ética en las estructuras económicas (...) La ética no es algo que está fuera de la economía, sino dentro, y que la economía no funciona si no lleva consigo el elemento ético" (A los periodistas 17-3-09).

Caridad política

Junto a los derechos hay siempre unas responsabilidades que, desde nuestro punto cristiano, responden a lo que podemos llamar, en alguna forma, caridad política, laboral, familiar.

Suele acusarse a la Iglesia de "meterse" en política, de ingerirse en los asuntos públicos. Más bien, lo que había que reprocharle es que los católicos no ejercieran su derecho a interesarse positivamente por todo cuanto atañe al bien común y a la presencia de doctrina social de la Iglesia en el mundo del trabajo. Nunca debe ser necesario renegar de Dios para poder gozar de los propios derechos.

Como católicos, no tenemos vocación alguna para ser litigantes permanentes con las administraciones públicas, pero sí defensores de los derechos que nos asisten como ciudadanos y como creyentes. No nos consideramos víctimas de sistema alguno, sino testigos del Cristo resucitado. Tampoco queremos ser unas gentes destinadas a vivir en una escondida catacumba, sino dar testimonio del Evangelio a plena luz. No solo no nos dejamos apabullar por los avances científicos y técnicos, sino que deseamos ser auténticos pioneros del estudio y de la investigación. Pero no podemos permanecer como hombres y mujeres impasibles ante el sufrimiento de los demás, sino defender la auténtica dignidad de la vida humana desde su concepción hasta la muerte.

Una pastoral obrera renovada

La acción de la Iglesia en el mundo obrero tiene que realizarse, evidentemente, desde la incuestionable lealtad a la fe cristiana, que reconoce a Cristo como el único Salvador, y al Evangelio como la buena noticia de salvación‑liberación para el hombre. La fidelidad al mensaje evangélico, no sólo no amortigua la sensibilidad de una conciencia obrera que lucha contra las opresiones injustas, sino que la estimula y orienta en un verdadero camino de justicia.

Una Iglesia que no puede claudicar de su fe ante un mundo que parece exigir el tener que claudicar obligatoriamente ante unas estructuras y a unas categorías de pensamiento extrañas a la misma dignidad de la persona. La Iglesia está en el mundo para evangelizar y, por eso mismo, debe conocer y sentir como propios los problemas, las angustias y las aspiraciones individuales y sociales de los hombres. Pero, el Evangelio no se recicla, sino que se vive fielmente y así se ofrece al mundo.

La pastoral obrera se realiza dentro de una pastoral de conjunto, es decir, unida y coordinada en la pastoral general, con la que la diócesis quiere hacerse presente en medio de los hombres que viven entre nosotros y a los cuales deseamos hacer partícipes del Evangelio que hemos recibido.

Con el aval evangélico de la esperanza

Se necesita una nueva pastoral obrera, sin nostalgias del pasado ni prevenciones negativas futuras, pero sin esconder el Evangelio de Jesucristo, que ha de ofrecerse al mundo del trabajo. Una pastoral obrera fiel a sus principios y a las personas a las que quiere llegar y servir; abierta y promotora de integración; participativa y comunitaria; signo y aval de credibilidad evangélica; inequívocamente eclesial; que guarda, vive y celebra la palabra de Dios; con incuestionable sentido confesional y católico.

Las parroquias deben incluir en sus planes pastorales la atención a las personas más afectadas por la crisis, denunciando la injusticia, exigiendo compromisos de la administración, y motivando a la comunidad parroquial para que comparta sus bienes.

La pastoral obrera debe concienciar a la Iglesia sobre la situación que se está viviendo, y hacerla presente en aquellas acciones encaminadas a lograr la superación de una crisis económica y social de tanta trascendencia individual y familiar. Intensificar la formación del laicado para posibilitar una respuesta y un compromiso coherente con la fe y con la doctrina social de la Iglesia.

A la Virgen María y a su esposo San José, ejemplo admirable de trabajador, encomendamos todas y cada una de las acciones pastorales que nuestra Iglesia diocesana quiere llevar a cabo en el mundo del trabajo.

En Sevilla a uno de mayo de dos mil nueve, fiesta de San José Obrero.

+ Carlos, Cardenal Amigo Vallejo
Arzobispo de Sevilla