lunes, 2 de mayo de 2011

Beato Juan Pablo II (Mayo, mes de María)

Entramos en el mes de mayo marcados por el  histórico día de ayer en el que el Papa Benedicto XVI proclamó beato a su predecesor el Papa Juan Pablo II, en una Eucaristía a la que asistieron más de un millón y medio de personas de todas partes del mundo.

Y al igual que hicimos en años anteriores, invitamos al lector a tener en este mes de mayo especialmente presente a la Virgen María, lo cual queremos reflejar con este hermoso vídeo dedicado al Beato Juan Pablo II y a la Virgen María.

Totus Tuus ego sum, Maria, et omnia mea tua sunt!



Tenemos un nuevo beato: Juan Pablo II, ruega por nosotros.

Oración para implorar favores por intercesión del Beato Juan Pablo II, Papa:

Oh Trinidad Santa, te damos gracias por haber concedido a la Iglesia al Beato Juan Pablo II y porque en él has reflejado la ternura de tu paternidad, la gloria de la cruz de Cristo y el esplendor del Espíritu de amor. 

Él, confiando totalmente en tu infinita misericordia y en la maternal intercesión de María, nos ha mostrado una imagen viva de Jesús Buen Pastor, indicándonos la santidad, alto grado de la vida cristiana ordinaria, como camino para alcanzar la comunión eterna contigo. 

Concédenos, por su intercesión, y si es tu voluntad, la gracia que imploramos, con la esperanza de que sea pronto incluido en el número de tus santos. 

Amén.


sábado, 30 de abril de 2011

Feliz día de San Eutropio

Hoy, 30 de abril, sábado de la Octava de Pascua, la Iglesia celebra la festividad de San Eutropio, Obispo de Saintes y Mártir, Patrón de Paradas.
En Paradas conmemoramos su fiesta el 15 de julio, día en que según la tradición se hizo la dedicación del templo.

Pues para nuestra defensa
la Suma Bondad te ha puesto
a tu amparo recurrimos
Eutropio, Patrono nuestro.

De la luz que a Dios debiste
fuiste soberano espejo,
pues recibiste los rayos
y esparciste los reflejos.
La Divina claridad
en ti multiplicó efectos,
que para iluminar a muchos
a ti te alumbró primero.


Pues para nuestra defensa
la Suma Bondad te ha puesto
a tu amparo recurrimos
Eutropio, Patrono nuestro.

Diste buen pastor la vida
por tus ovejas y luego
manifestaste tú mismo
tu victoria y tu trofeo.
En tus sagradas reliquias
halló salud el enfermo,
auxilios el pecador
y el afligido consuelo.


Pues para nuestra defensa
la Suma Bondad te ha puesto
a tu amparo recurrimos
Eutropio, Patrono nuestro.

Oh, Dios, que por medio de San Eutropio, Obispo y Mártir, hiciste pasar a los pueblos paganos de las tinieblas a la luz de la verdad, concédenos por su intercesión permanecer firmes en la fe e inmutables en la esperanza del Evangelio que Él predicó...

¡VIVA SAN EUTROPIO!


SANGUIS MARTYRUM - SEMEN CHRISTIANORUM


Tumba de San Eutropio, Basílica de San Eutropio (Saintes)

jueves, 14 de abril de 2011

Oración por la JMJ

Es de todos conocido que en este año del Señor de 2011 van a tener lugar en Madrid las Jornadas Mundiales de la Juventud a las que asistirá el Santo Padre, Benedicto XVI.

Se trata de una ocasión sin precedentes y de todo un privilegio para Madrid y para España, ya que pocas han sido aún las sedes y muchas las aspirantes. Por expreso deseo de su Santidad, Madrid las acogerá este año y es algo que debemos agradecer y ante lo que no podemos permanecer indiferentes.

Además de la participación en las Jornadas de todos aquellos peregrinos que en agosto se trasladen a Madrid a encontrarse con el Vicario de Cristo, la organización y la Iglesia en su conjunto nos piden a todos y cada uno de nosotros que cooperemos en esta obra tan importante para los jóvenes cristianos y la Iglesia misma, pues estas jornadas son verdadero semillero de vocaciones y catalizador de la fe en la juventud cristiana.

Todo aquel que haya tenido el privilegio de participar en una JMJ os podrá manifestar que es un evento que marca. Nadie vuelve indiferente. No solo se siente de un modo “real” la comunión con la Iglesia y el Romano Pontífice, sino que se comprende en cierto modo el verdadero sentido de la palabra “misión”, misión a la que todos estamos enviados a la vuelta a nuestra ciudad, nuestro hogar, nuestro trabajo, nuestras amistades, nuestra Parroquia.

Ciertamente, los modos materiales de colaboración son muchos, desde los donativos particulares hasta la loable labor de las familias de peregrinos que facilitan techo y sustento a miles de jóvenes que no pueden permitirse un viaje convencional y que vienen desde muy lejos y en muchos casos de países en los que los cristianos son perseguidos por su fe o de países desfavorecidos y entornos sociales humildes.

Sin embargo, se pide de nosotros, cristianos, un esfuerzo más espiritual: ofrecer nuestra oración por los frutos de estas jornadas, de modo que sean un revulsivo de la fe, no solo en la juventud española, sino en todos esos jóvenes que desde los cinco continentes vendrán a nuestra patria a encontrarse con el sucesor de Pedro y, en definitiva con Cristo mismo.

Esta oración individual puede convertirse en colectiva. En ese espíritu el señor Arzobispo ha solicitado a las hermandades y cofradías de la Archidiócesis que se unan en la oración ofreciendo su estación de penitencia por las JMJ y su contribución a la tarea misional y evangelizadora entre los jóvenes del mundo.
Con ese espíritu, desde el Foro Cristo de la Vera Cruz te animamos a que en estos días te sumes a la petición de nuestro pastor orando al Señor durante la Semana Santa por el éxito de las Jornadas Mundiales de la Juventud y por las vocaciones, y que si realizas estación de penitencia la ofrezcas por esas intenciones.

Desde el Foro Cristo de la Vera Cruz te animamos fervientemente a que reces por estas jornadas y a que tengas presente en tu corazón, en la intimidad de la oración, este importantísimo acontecimiento para Iglesia de España y el mundo.

lunes, 11 de abril de 2011

¡Enhorabuena, Pablo! ¡Enhorabuena, Pregonero!

En la mañana de ayer, Domingo de Pasión, Pablo Parrilla González pregonó la Semana Santa de Paradas en una Parroquia de San Eutropio completamente llena y que se volcó con el pregonero, interrumpido en aplausos en numerosas ocasiones.

Pablo Parrilla comenzó su Pregón con un canto a Paradas y con el recuerdo de vivencias de su más tierna infancia, continuando  el pregón tomando como hilo argumental la Pasión de Cristo, desde la procesión de palmas del Domingo de Ramos desde San Albino, hasta la Resurrección, pasando por los días grandes de Jueves y Viernes Santo y arrancando aplausos con las bellas y sentidas palabras que dedicó a todas y cada una de las imágenes de la pasión que tenemos en Paradas: Nuestro Padre Jesús Cautivo, Nuestro Padre Jesús Nazareno, el Santísimo Cristo de la Vera Cruz y el Santísimo Cristo de la Misericordia en su Traslado al Sepulcro, dedicando hermosas palabras, como no podía ser menos en alguien con arraigado amor a quien es Madre de Dios y madre nuestra, en sus advocaciones de Nuestra Señora del Mayor Dolor, Santísima Virgen de los Dolores y María Santísima de la Amargura.

Especialmente emotivas fueron las palabras dedicadas tanto al inicio como al final de su pregón a la Santísima Virgen de los Dolores, a cuya Hermandad ha estado vinculada su familia desde generaciones atrás (como nos dijo, su abuela no se llamaba Dolores por casualidad).

Hermosas fueron también las palabras dedicadas a la Hermandad de la Vera Cruz, hablándonos de esas cruces que flanquean Paradas por los cuatro costados para clamar que somos un pueblo cristiano; de la Cruz del Porche inaugurada un 3 de mayo, fiesta de la exaltación de la Santa Cruz; de la Hermandad de la Vera Cruz en procesión hasta los años sesenta y de las oraciones que recibe el Stmo. Cristo en la parroquia.

Un pregón desde la humildad y la sinceridad, lleno de sentimiento cristiano, en el que Pablo Parrilla se entregó a Paradas. Como muestra, el interminable aplauso con el que fue ovacionado al concluir su pregón.

¡Enhorabuena, Pablo! ¡Enhorabuena, Pregonero!

martes, 5 de abril de 2011

Buena Muerte

La buena muerte o muerte digna, o como se la quiera llamar, la da la fe, la categoría al morir, la dignidad de quien sabe Quien le espera con los brazos abiertos.

Por eso, paradojas del Evangelio, los parias que morían en las calles de Calcuta en los tiernos brazos de la Madre Teresa, sintiéndose al final amados, morían con dignidad. Y en cambio, tantos con tanto puesto, muriendo sin fe y sin esperanza, no tienen una muerte digna al morir sin la alegría de un Encuentro que es la vocación que da sentido a la vida entera del hombre.

A este respecto, referimos a continuación una columna de Javier Criado (uno de los psiquiatras más prestigiosos de Sevilla), publicada recientemente en ABC de Sevilla.


Buena Muerte
JAVIER CRIADO

De forma equivocada se piensa que Buena Muerte es aquella que cursa con placidez durante los últimos minutos o instantes de vida. No es así. Eso es una buena agonía, no una buena muerte. La muerte no es el final de la existencia natural sino el principio —esa es la fe— de la otra experiencia. Hasta llegar a ella imperan los procesos naturales y sobre ellos descansa el estar, el existir. Una vez aposentada ésta, es en lo sobrenatural donde se pisa todo el territorio.

No podemos decir que alguien murió mal por haber sufrido un proceso agónico doloroso, angustioso o agitado. Sería una necia inexactitud además de una barbaridad. Hay millones de enfermos que pueden llegar a retorcerse en sus camas antes de expirar -procesos de enfermedades terminales los hay de muchas y muy variadas características- y que sin embargo puede afirmarse de ellos que han muerto en paz. Es así porque enfrentaron la despedida con los deberes hechos. Y llegados al examen final, al trascendente, pasaron la prueba por derecho.

Esa es la Buena Muerte.

Dios-Hombre no se prepara una cama calentita rodeada por todas partes de cariño y confort. Sin embargo, encarna como nadie el más válido ejemplo. Es Él, por antonomasia, la Buena Muerte. No sufras si vistes padecer a alguien en la agonía; se estaba ganando el cielo, a pulso. Como buen trabajador hasta el fin, con uñas y dientes.



sábado, 2 de abril de 2011

Amar y servir a los pobres

Reproducimos a continuación la reciente carta pastoral de nuestro Arzobispo don Juan José, en la que hace un llamamiento a la responsabilidad de los católicos ante la crisis.

AMAR Y SERVIR A LOS POBRES, Carta del 27-03-11.
 
Queridos hermanos y hermanas:
 
En la Asamblea Plenaria de otoño de 2009, los Obispos españoles aprobamos una declaración sobre la crisis económica y sus raíces morales, que en absoluto ha perdido actualidad. En el ecuador de esta Cuaresma, en la que a todos se nos pide la renovación de nuestra fraternidad, puede ser útil volver a ella para invitaros a adoptar actitudes de cercanía eficaz a tantos hermanos nuestros que sufren agudamente las consecuencias de la crisis. Los Obispos iniciábamos el documento animando a las comunidades cristianas y a todos los hombres de buena voluntad a discernir el momento presente y a comprometerse con generosa solidaridad. En la introducción del texto se afirma que “la crisis económica que vivimos tiene que ser abordada, principalmente, desde sus causas y víctimas, y desde un juicio moral que nos permita encontrar el camino adecuado para su solución”.

El documento estudia las causas de la crisis y afirma que la razón última es el desvanecimiento de los valores morales, la falta de honradez, la codicia de muchos y la carencia de control de las estructuras financieras, fruto de la globalización de la economía. Las primeras víctimas son las familias, sobre todo las numerosas, los jóvenes, los pequeños y medianos empresarios, los agricultores y ganaderos, que viven en una angustiosa situación económica, y los emigrantes, que en los años pasados han contribuido a nuestro bienestar y a los que ahora no podemos abandonar. El documento denuncia la escasa protección social de la familia y las políticas antinatalistas, cuyas consecuencias sufrirán especialmente las futuras generaciones.

En la segunda parte, se afirma que no hay verdadero desarrollo sin Dios, que es el garante del verdadero desarrollo, que debe alcanzar a todo el hombre y a todos los hombres. Sugiere después que no puede haber auténtico desarrollo sino desde la plataforma de unas profundas convicciones religiosas y desde la luz de la fe, pues de lo contrario el mundo de la economía se regiría por la ley de la selva. Por ello, afirma citando la encíclica Caritas in veritate, que el desarrollo es imposible sin hombres rectos, sin operadores económicos y políticos que vivan fuertemente en su conciencia la llamada al bien común.
 
En su tercera parte, la declaración nos compromete a implicarnos en el servicio a las víctimas de la crisis. El sufrimiento de nuestros hermanos debe tocar nuestro corazón de creyentes e impulsarnos a dar una respuesta inmediata a tanto dolor, poniéndonos de su parte y en su lugar, bajándonos de nuestra cabalgadura como el Buen Samaritano para curar sus heridas y compartir con ellos nuestros bienes. Aquellos cristianos que tienen responsabilidades en la vida política o económica están obligados a impulsar un nuevo dinamismo laboral que nos comprometa a todos a favor de un trabajo digno, que sea expresión de la dignidad esencial de todo hombre o mujer. En concreto, se pide un trato humano y solidario con los emigrantes, cuyos derechos no se pueden recortar, pues afectan decisivamente a su dignidad como personas.

El texto concluye con una llamada a las comunidades cristianas y todos los hombres y mujeres de buena voluntad a trabajar para superar la crisis, conscientes de que no habrá cambios sociales significativos y duraderos sin una verdadera conversión del corazón, a la que la Cuaresma nos invita con las palabras terminantes de los profetas. “Rasgad los corazones, no las vestiduras –nos decía el profeta Joel el Miércoles de Ceniza-: convertíos al Señor Dios vuestro, porque es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en piedad”.
 
Sólo hombres convertidos, con un corazón nuevo y un espíritu nuevo, serán capaces de impulsar los cambios sociales necesarios para que el auténtico bienestar llegue a todos los hombres. La Iglesia tiene en este sentido un vademecum precioso, su Doctrina Social, que nos orienta a la hora de impulsar un verdadero desarrollo integral, que requiere una renovación ética de la vida social y económica, un compromiso renovado de servicio a los pobres y una apuesta decidida en la lucha contra la pobreza como exigencia de la caridad. Así lo están haciendo ejemplarmente nuestras Caritas, Manos Unidas, las parroquias, los religiosos y las Hermandades y Cofradías, como expresión de la dimensión samaritana de la Iglesia. Junto a estas instituciones, y apoyándolas como se merecen, todos nosotros debemos ser conscientes en esta hora de la urgencia de comprometernos, adoptando estilos de vida más austeros y haciendo un esfuerzo supremo, heroico si fuera necesario, para salir al paso de esta verdadera emergencia social que hiere a tantos hermanos nuestros. No olvidemos que, como escribiera San Juan de la Cruz, “en la noche de la vida nos juzgarán del amor”.
 
Concluyo deseándoos una santa y fructuosa Cuaresma, vivida cerca de los pobres, que es tanto como decir, vivida muy cerca del Señor, pues es a Él a quien servimos cuando socorremos a los necesitados.
 
Para todos, mi saludo fraterno y mi bendición.
 
+ Juan José Asenjo Pelegrina
Arzobispo de Sevilla

domingo, 20 de marzo de 2011

Reliquia del Lignum Crucis en Paradas

Jornada intensa la vivida ayer en la Vera Cruz de Paradas. A primera hora de la mañana llegó a nuestra Parroquia de San Eutropio el Lignum Crucis, reliquia de la Santa y Verdadera Cruz de Cristo, que posee la Confraternidad de Hermandades y Cofradías de la Vera Cruz.

Jesucristo verdaderamente presente en
el sacramento de la Eucaristía y la reliquia
de la Santa y Verdadera Cruz de Cristo
sobre el altar


El Lignum Crucis presidió la misa de 12 (festividad de San José, día de precepto) estando situada sobre el altar, asistiendo a la misma D. Juan Jesús Sánchez Madrid, Presidente de la Confraternidad. Al término de la misa el Lignum Crucis fue expuesto a la veneración de los fieles, que pudieron besar la reliquia.

A continuación se celebró una sesión de formación, con el salón parroquial abarrotado. Al término de la sesión, se realizó una oración a los pies de la venerada imagen del Santísimo Cristo de la Vera Cruz y se expuso la reliquia a la veneración de los fieles.

La tarde continuó con la celebración de un almuerzo fraterno en el recuperado patio trasero de la parroquia, recientemente adecentado por miembros del grupo de formación de la Vera Cruz.

Se da la circunstancia de que es la primera vez que se documenta la presencia de una reliquia de la Santa y Verdadera Cruz de Cristo en Paradas, y desde esta página se agradece a la Confraternidad de Hermandades y Cofradías de la Vera Cruz el haber tenido a bien honrar a nuestro pueblo la presencia del Lignum Crucis.


Imagen del Stmo. Cristo de la Vera Cruz
con la reliquia del Lignum Crucis a sus pies

domingo, 6 de marzo de 2011

Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI para la Cuaresma 2011


Ante la inminente llegada de la Cuaresma, reproducimos a continuación el Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI para la Cuaresma 2011.

«Con Cristo sois sepultados en el Bautismo, con él también habéis resucitado» (cf. Col 2, 12)

Queridos hermanos y hermanas:

La Cuaresma, que nos lleva a la celebración de la Santa Pascua, es para la Iglesia un tiempo litúrgico muy valioso e importante, con vistas al cual me alegra dirigiros unas palabras específicas para que lo vivamos con el debido compromiso. La Comunidad eclesial, asidua en la oración y en la caridad operosa, mientras mira hacia el encuentro definitivo con su Esposo en la Pascua eterna, intensifica su camino de purificación en el espíritu, para obtener con más abundancia del Misterio de la redención la vida nueva en Cristo Señor (cf. Prefacio I de Cuaresma).

1. Esta misma vida ya se nos transmitió el día del Bautismo, cuando «al participar de la muerte y resurrección de Cristo» comenzó para nosotros «la aventura gozosa y entusiasmante del discípulo» (Homilía en la fiesta del Bautismo del Señor, 10 de enero de 2010). San Pablo, en sus Cartas, insiste repetidamente en la comunión singular con el Hijo de Dios que se realiza en este lavacro. El hecho de que en la mayoría de los casos el Bautismo se reciba en la infancia pone de relieve que se trata de un don de Dios: nadie merece la vida eterna con sus fuerzas. La misericordia de Dios, que borra el pecado y permite vivir en la propia existencia «los mismos sentimientos que Cristo Jesús» (Flp 2, 5) se comunica al hombre gratuitamente.

El Apóstol de los gentiles, en la Carta a los Filipenses, expresa el sentido de la transformación que tiene lugar al participar en la muerte y resurrección de Cristo, indicando su meta: que yo pueda «conocerle a él, el poder de su resurrección y la comunión en sus padecimientos hasta hacerme semejante a él en su muerte, tratando de llegar a la resurrección de entre los muertos» (Flp 3, 10-11). El Bautismo, por tanto, no es un rito del pasado sino el encuentro con Cristo que conforma toda la existencia del bautizado, le da la vida divina y lo llama a una conversión sincera, iniciada y sostenida por la Gracia, que lo lleve a alcanzar la talla adulta de Cristo.

Un nexo particular vincula al Bautismo con la Cuaresma como momento favorable para experimentar la Gracia que salva. Los Padres del Concilio Vaticano II exhortaron a todos los Pastores de la Iglesia a utilizar «con mayor abundancia los elementos bautismales propios de la liturgia cuaresmal» (Sacrosanctum Concilium, 109). En efecto, desde siempre, la Iglesia asocia la Vigilia Pascual a la celebración del Bautismo: en este Sacramento se realiza el gran misterio por el cual el hombre muere al pecado, participa de la vida nueva en Jesucristo Resucitado y recibe el mismo espíritu de Dios que resucitó a Jesús de entre los muertos (cf. Rm 8, 11). Este don gratuito debe ser reavivado en cada uno de nosotros y la Cuaresma nos ofrece un recorrido análogo al catecumenado, que para los cristianos de la Iglesia antigua, así como para los catecúmenos de hoy, es una escuela insustituible de fe y de vida cristiana: viven realmente el Bautismo como un acto decisivo para toda su existencia.

2. Para emprender seriamente el camino hacia la Pascua y prepararnos a celebrar la Resurrección del Señor —la fiesta más gozosa y solemne de todo el Año litúrgico—, ¿qué puede haber de más adecuado que dejarnos guiar por la Palabra de Dios? Por esto la Iglesia, en los textos evangélicos de los domingos de Cuaresma, nos guía a un encuentro especialmente intenso con el Señor, haciéndonos recorrer las etapas del camino de la iniciación cristiana: para los catecúmenos, en la perspectiva de recibir el Sacramento del renacimiento, y para quien está bautizado, con vistas a nuevos y decisivos pasos en el seguimiento de Cristo y en la entrega más plena a él.

El primer domingo del itinerario cuaresmal subraya nuestra condición de hombre en esta tierra. La batalla victoriosa contra las tentaciones, que da inicio a la misión de Jesús, es una invitación a tomar conciencia de la propia fragilidad para acoger la Gracia que libera del pecado e infunde nueva fuerza en Cristo, camino, verdad y vida (cf. Ordo Initiationis Christianae Adultorum, n. 25). Es una llamada decidida a recordar que la fe cristiana implica, siguiendo el ejemplo de Jesús y en unión con él, una lucha «contra los Dominadores de este mundo tenebroso» (Ef 6, 12), en el cual el diablo actúa y no se cansa, tampoco hoy, de tentar al hombre que quiere acercarse al Señor: Cristo sale victorioso, para abrir también nuestro corazón a la esperanza y guiarnos a vencer las seducciones del mal.

El Evangelio de la Transfiguración del Señor pone delante de nuestros ojos la gloria de Cristo, que anticipa la resurrección y que anuncia la divinización del hombre. La comunidad cristiana toma conciencia de que es llevada, como los Apóstoles Pedro, Santiago y Juan «aparte, a un monte alto» (Mt 17, 1), para acoger nuevamente en Cristo, como hijos en el Hijo, el don de la gracia de Dios: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco; escuchadle» (v. 5). Es la invitación a alejarse del ruido de la vida diaria para sumergirse en la presencia de Dios: él quiere transmitirnos, cada día, una palabra que penetra en las profundidades de nuestro espíritu, donde discierne el bien y el mal (cf. Hb 4, 12) y fortalece la voluntad de seguir al Señor.

La petición de Jesús a la samaritana: «Dame de beber» (Jn 4, 7), que se lee en la liturgia del tercer domingo, expresa la pasión de Dios por todo hombre y quiere suscitar en nuestro corazón el deseo del don del «agua que brota para vida eterna» (v. 14): es el don del Espíritu Santo, que hace de los cristianos «adoradores verdaderos» capaces de orar al Padre «en espíritu y en verdad» (v. 23). ¡Sólo esta agua puede apagar nuestra sed de bien, de verdad y de belleza! Sólo esta agua, que nos da el Hijo, irriga los desiertos del alma inquieta e insatisfecha, «hasta que descanse en Dios», según las célebres palabras de san Agustín.

El domingo del ciego de nacimiento presenta a Cristo como luz del mundo. El Evangelio nos interpela a cada uno de nosotros: «¿Tú crees en el Hijo del hombre?». «Creo, Señor» (Jn 9, 35.38), afirma con alegría el ciego de nacimiento, dando voz a todo creyente. El milagro de la curación es el signo de que Cristo, junto con la vista, quiere abrir nuestra mirada interior, para que nuestra fe sea cada vez más profunda y podamos reconocer en él a nuestro único Salvador. Él ilumina todas las oscuridades de la vida y lleva al hombre a vivir como «hijo de la luz».

Cuando, en el quinto domingo, se proclama la resurrección de Lázaro, nos encontramos frente al misterio último de nuestra existencia: «Yo soy la resurrección y la vida... ¿Crees esto?» (Jn 11, 25-26). Para la comunidad cristiana es el momento de volver a poner con sinceridad, junto con Marta, toda la esperanza en Jesús de Nazaret: «Sí, Señor, yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que iba a venir al mundo» (v. 27). La comunión con Cristo en esta vida nos prepara a cruzar la frontera de la muerte, para vivir sin fin en él. La fe en la resurrección de los muertos y la esperanza en la vida eterna abren nuestra mirada al sentido último de nuestra existencia: Dios ha creado al hombre para la resurrección y para la vida, y esta verdad da la dimensión auténtica y definitiva a la historia de los hombres, a su existencia personal y a su vida social, a la cultura, a la política, a la economía. Privado de la luz de la fe todo el universo acaba encerrado dentro de un sepulcro sin futuro, sin esperanza.

El recorrido cuaresmal encuentra su cumplimiento en el Triduo Pascual, en particular en la Gran Vigilia de la Noche Santa: al renovar las promesas bautismales, reafirmamos que Cristo es el Señor de nuestra vida, la vida que Dios nos comunicó cuando renacimos «del agua y del Espíritu Santo», y confirmamos de nuevo nuestro firme compromiso de corresponder a la acción de la Gracia para ser sus discípulos.

3. Nuestro sumergirnos en la muerte y resurrección de Cristo mediante el sacramento del Bautismo, nos impulsa cada día a liberar nuestro corazón del peso de las cosas materiales, de un vínculo egoísta con la «tierra», que nos empobrece y nos impide estar disponibles y abiertos a Dios y al prójimo. En Cristo, Dios se ha revelado como Amor (cf. 1 Jn 4, 7-10). La Cruz de Cristo, la «palabra de la Cruz» manifiesta el poder salvífico de Dios (cf. 1 Co 1, 18), que se da para levantar al hombre y traerle la salvación: amor en su forma más radical (cf. Enc. Deus caritas est, 12). Mediante las prácticas tradicionales del ayuno, la limosna y la oración, expresiones del compromiso de conversión, la Cuaresma educa a vivir de modo cada vez más radical el amor de Cristo. El ayuno, que puede tener distintas motivaciones, adquiere para el cristiano un significado profundamente religioso: haciendo más pobre nuestra mesa aprendemos a superar el egoísmo para vivir en la lógica del don y del amor; soportando la privación de alguna cosa —y no sólo de lo superfluo— aprendemos a apartar la mirada de nuestro «yo», para descubrir a Alguien a nuestro lado y reconocer a Dios en los rostros de tantos de nuestros hermanos. Para el cristiano el ayuno no tiene nada de intimista, sino que abre mayormente a Dios y a las necesidades de los hombres, y hace que el amor a Dios sea también amor al prójimo (cf. Mc 12, 31).

En nuestro camino también nos encontramos ante la tentación del tener, de la avidez de dinero, que insidia el primado de Dios en nuestra vida. El afán de poseer provoca violencia, prevaricación y muerte; por esto la Iglesia, especialmente en el tiempo cuaresmal, recuerda la práctica de la limosna, es decir, la capacidad de compartir. La idolatría de los bienes, en cambio, no sólo aleja del otro, sino que despoja al hombre, lo hace infeliz, lo engaña, lo defrauda sin realizar lo que promete, porque sitúa las cosas materiales en el lugar de Dios, única fuente de la vida. ¿Cómo comprender la bondad paterna de Dios si el corazón está lleno de uno mismo y de los propios proyectos, con los cuales nos hacemos ilusiones de que podemos asegurar el futuro? La tentación es pensar, como el rico de la parábola: «Alma, tienes muchos bienes en reserva para muchos años... Pero Dios le dijo: “¡Necio! Esta misma noche te reclamarán el alma”» (Lc 12, 19-20). La práctica de la limosna nos recuerda el primado de Dios y la atención hacia los demás, para redescubrir a nuestro Padre bueno y recibir su misericordia.

En todo el período cuaresmal, la Iglesia nos ofrece con particular abundancia la Palabra de Dios. Meditándola e interiorizándola para vivirla diariamente, aprendemos una forma preciosa e insustituible de oración, porque la escucha atenta de Dios, que sigue hablando a nuestro corazón, alimenta el camino de fe que iniciamos en el día del Bautismo. La oración nos permite también adquirir una nueva concepción del tiempo: de hecho, sin la perspectiva de la eternidad y de la trascendencia, simplemente marca nuestros pasos hacia un horizonte que no tiene futuro. En la oración encontramos, en cambio, tiempo para Dios, para conocer que «sus palabras no pasarán» (cf. Mc 13, 31), para entrar en la íntima comunión con él que «nadie podrá quitarnos» (cf. Jn 16, 22) y que nos abre a la esperanza que no falla, a la vida eterna.

En síntesis, el itinerario cuaresmal, en el cual se nos invita a contemplar el Misterio de la cruz, es «hacerme semejante a él en su muerte» (Flp 3, 10), para llevar a cabo una conversión profunda de nuestra vida: dejarnos transformar por la acción del Espíritu Santo, como san Pablo en el camino de Damasco; orientar con decisión nuestra existencia según la voluntad de Dios; liberarnos de nuestro egoísmo, superando el instinto de dominio sobre los demás y abriéndonos a la caridad de Cristo. El período cuaresmal es el momento favorable para reconocer nuestra debilidad, acoger, con una sincera revisión de vida, la Gracia renovadora del Sacramento de la Penitencia y caminar con decisión hacia Cristo.

Queridos hermanos y hermanas, mediante el encuentro personal con nuestro Redentor y mediante el ayuno, la limosna y la oración, el camino de conversión hacia la Pascua nos lleva a redescubrir nuestro Bautismo. Renovemos en esta Cuaresma la acogida de la Gracia que Dios nos dio en ese momento, para que ilumine y guíe todas nuestras acciones. Lo que el Sacramento significa y realiza estamos llamados a vivirlo cada día siguiendo a Cristo de modo cada vez más generoso y auténtico. Encomendamos nuestro itinerario a la Virgen María, que engendró al Verbo de Dios en la fe y en la carne, para sumergirnos como ella en la muerte y resurrección de su Hijo Jesús y obtener la vida eterna.

Vaticano, 4 de noviembre de 2010
BENEDICTUS PP. XVI

Fuente: www.vatican.va



sábado, 26 de febrero de 2011

D. Santiago Gómez, nuevo Obispo Auxiliar

Un repique de campanas desde la torre de San Eutropio anunció hoy sábado a las dos menos cuarto la ordenación episcopal de Mons. Santiago Gómez Sierra en la Catedral de Sevilla como nuevo Obispo Auxiliar de nuestra Archidiódesis de Sevilla.





Natural de Madrilejos (Toledo), D. Santiago fue nombrado Obispo Auxiliar de Sevilla por S.S. Benedicto XVI el pasado 18 de diciembre de 2010.

En su blasón episcopal figura la frase en latín “Pacificans per sanguinem eius”, tomada del texto de la carta del Apóstol San Pablo a los Colosenses, capítulo 1, versículo 20c: “Haciendo la paz por la sangre de su cruz”. Para expresar el espíritu de ese lema en su vida episcopal, D. Santiago ha elegido como pieza principal del escudo, sobre campo de plata, la cruz del Santísimo Cristo del Prado, devoción de su localidad de nacimiento, figurando a un lado el corazón ardiente de la Virgen María, traspasado por la espada y, al otro, las palmas del martirio. También figura la venera de peregrino compostelano, como intercesión a Santigo Apóstol y en alusión también a la que figura en el escudo de Benedicto XVI.

Sus primeras palabras como Obispo Auxiliar, “Padre Santo, conságralos en la verdad. Como tú me enviaste al mundo, así los envío yo también al mundo” (Jn 17, 17-18) reflejan el ánimo con que emprende la misión que acaba de recibir, al haber sido agregado al Colegio Episcopal por la plenitud del Sacramento del Orden.

Desde este espacio invitamos a todos nuestros lectores a dar gracias a Dios por este gran acontecimiento y a pedirle por nuestro nuevo Obispo Auxiliar.

Recordando las palabras con las que concluía su alocución de esta mañana, pidamos al Señor para que por intercesión de los Santos Obispos de la Iglesia hispalense -San Leandro y San Isidoro y los beatos Marcelo Spínola y Manuel González-, con la ayuda de todos los Santos y Santas del cielo y, singularmente, por la asistencia maternal de la Santísima Virgen María, patrona de nuestra Archidiócesis con el dulce nombre de Virgen de los Reyes y con tantas otras advocaciones tan arraigadas en el corazón mariano de la diócesis, que sepa servir a esta familia de Dios.



jueves, 24 de febrero de 2011

Vídeo Homenaje de Sevilla a Juan Pablo II

Recientemente comentábamos con gran alegría en este espacio la noticia del anuncio de la beatificación de Juan Pablo II para el próximo 1 de mayo.

Tenemos hoy a bien dar cuenta del siguiente vídeo homenaje de Sevilla a Juan Pablo II que fue presentado en el reciente Encuentro Diocesano de Laicos de la Archidiócesis de Sevilla, coincidiendo con las Jornadas Católicos y Vida Pública.